25 Años del Palmeral como Patrimonio: La Evolución de la Trepa en Palmeras

 En El mundo de la Palmera

El 30 de noviembre de 2025 se cumplen veinticinco años desde que la UNESCO declaró el Palmeral de Elche Patrimonio de la Humanidad. Un cuarto de siglo celebrando el mayor palmeral de Europa, con más de 200.000 ejemplares de Phoenix dactylifera que hunden sus raíces en un sistema de riego milenario heredado de Al-Ándalus. Pero detrás de cada palmera cuidada hay un oficio que también ha evolucionado: el del palmerero. Y con él, los sistemas de trepa que permiten acceder a la corona para podar, recolectar dátiles o atar las palmas que darán lugar a la célebre palma blanca del Domingo de Ramos.

En este artículo queremos rendir homenaje a ese oficio repasando cómo se trepaba antaño, qué peligros enfrentaban aquellos palmereros y cómo la tecnología y la formación han transformado un trabajo arriesgado en una profesión más segura, aunque nunca exenta de riesgos.

La cuerda de esparto: trepar con lo que daba la tierra

Durante siglos, el palmerero subió a la palmera con una cuerda trenzada de esparto, la soga o corda, fabricada a mano por el propio trabajador o su cuadrilla. Cuatro personas participaban en su elaboración: dos tiradores que tensaban, un guiaor que trenzaba y un puntal que sostenía la cuerda ya hecha. El resultado era una cuerda de cinco cabos que, con suerte, duraba entre una y dos semanas antes de desgastarse y volverse peligrosa.

El palmerero se calzaba las alpargatas de esparto —las espardeñas— y, cuando el tronco quedaba demasiado liso por el uso, subía directamente descalzo para sentir mejor la superficie. No había arnés, no había red, no había sistema de retención de caídas. Solo la cuerda rodeando el tronco, los pies contra la corteza fibrosa y la destreza acumulada de generaciones.

Los peligros del oficio: cuando la cuerda fallaba

Las consecuencias de trabajar sin sistemas de seguridad eran previsibles. Una cuerda de esparto que se rompía, un resbalón en un tronco húmedo o un simple mareo a quince metros de altura podían ser fatales. Si el palmerero perdía el conocimiento, nada lo sujetaba: los pies se separaban del tronco y el cuerpo caía al vacío. Los accidentes más frecuentes incluían caídas a distinto nivel —con consecuencias graves o mortales—, cortes con las herramientas de poda como el corbellote, y lesiones musculoesqueléticas derivadas del sobreesfuerzo físico continuado.

En la actualidad, según estudios recientes sobre la brigada municipal de palmereros de Elche, el 64% de los accidentes registrados en los últimos años se deben a sobresfuerzos, mientras que el 35% restante corresponde a pinchazos de espinas. Las caídas son menos frecuentes gracias a los nuevos sistemas de trepa, pero siguen siendo el riesgo con mayor potencial de gravedad.

Del esparto al arnés

La historia de la cuerda de esparto se remonta a tiempos inmemoriales y se usó ampliamente hasta la década de los ochenta. Era económica y natural, pero efímera y frágil. Hacia finales de la década de los ochenta, entre diferentes profesionales del sector idearon la cuerda de nailon, a la que finalmente añadieron alambre trenzado en su interior para mayor refuerzo, con el objetivo de resistir mejor los cortes accidentales del corbellote. Esta innovación multiplicó la vida útil de la cuerda y redujo drásticamente el riesgo de rotura.

Ya en los albores de los años 2000, desde la brigada municipal de palmereros de Elche se dio el salto definitivo: incorporar arneses homologados, eslingas con alma de acero, frenos, prusiks y mosquetones. El palmerero ya no dependía únicamente de su equilibrio; ahora por fin estaba sujeto por un sistema de retención que, en caso de resbalón o desvanecimiento, se mantenía anclado a la palmera en lugar de precipitarse al suelo.

La seguridad hoy: equipos homologados y doble anclaje

En la actualidad, un palmerero profesional dispone de arneses que distribuyen el peso y protegen la zona lumbar, eslingas aceradas que resisten cortes de motosierra, sistemas de retención de caídas y dispositivos de descenso controlado. Estos equipos cumplen normativas europeas (EN 358, EN 813) y son revisados periódicamente por personal competente, tal como exige la legislación de prevención de riesgos laborales.

Sin embargo, la tecnología no elimina el riesgo, aunque lo reduce de forma notable. Los accidentes siguen ocurriendo: cortes con herramientas motorizadas, golpes de calor, lesiones musculares por posturas forzadas y, en el peor de los casos, caídas cuando no se respetan los protocolos. Por eso, disponer del mejor equipo no basta si no se acompaña de formación continua.

Formación y rescate: la diferencia entre un susto y una tragedia

Un accidente en altura exige una respuesta rápida. Si un compañero sufre un corte grave con el corbellote o la motosierra, o pierde la consciencia, disponemos de muy pocos minutos para bajarlo al suelo antes de que la situación sea irreversible. Por ello, todo equipo de trabajo debe contar con un plan de rescate ensayado, material preparado y al menos una persona capacitada para ejecutar un salvamento aéreo.

La formación en técnicas de trepa segura, rescate de compañeros y autorrescate no es un complemento: es una necesidad. Cursos especializados enseñan a reconocer peligros potenciales, a inspeccionar el equipo antes de cada ascenso, a actuar sin pánico ante una emergencia y a mantener actualizados los conocimientos conforme evolucionan los materiales y las normativas.

Custodiar el patrimonio con seguridad

Celebrar los 25 años del Palmeral de Elche como Patrimonio de la Humanidad es también celebrar a quienes lo cuidan. Los palmereros de hoy suben con arnés, con eslinga acerada, con sistemas de doble anclaje que sus antepasados solo pudieron soñar. Pero siguen subiendo, siguen podando, siguen preservando este paisaje único.

La evolución de los sistemas de trepa demuestra que tradición y seguridad no están reñidas. Al contrario: proteger al profesional es la mejor forma de garantizar que el oficio perdure y que el Palmeral siga vivo otros mil años.

En Más Vertical Formación ofrecemos cursos especializados en trepa y poda de palmeras, cursos de rescate y autorrescate, y todo el equipamiento profesional para trabajar en altura con las máximas garantías de seguridad.

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